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Buscar emigrando
“Emigrar,
en busca de un espacio de amparo”,
es el título del libro escrito por la psicóloga argentina Claudia Yelín, radicada en los Estados Unidos hace 24 años junto a su familia. A través de sus páginas nos hace
sentir que aunque cada experiencia sea única todos aquellos que emigramos
pasamos por momentos similares/
por Silvia Demetilla
Claudia
Yelin es licenciada en Psicología (Universidad Nacional de Buenos
Aires) y Master en Asistencia Social (Catholic University of
America). Cinturón Negro en el arte marcial Aikido.
Argentina, emigró en 1983, con su marido y sus dos hijas pequeñas,
a los Estados Unidos. Radicada en Washington D.C., estableció allí
su práctica profesional en el seno de la comunidad internacional,
donde se dedica a la atención psicológica de niños y adultos.
Es autora de numerosas ponencias y artículos sobre la especialidad
y de una serie de cuentos infantiles sobre el tema del exilio, de
próxima publicación.
¿En
tu libro decís que ser inmigrante es una especie de volver a
nacer, de volver a ser niño, cómo vivenciaste esa experiencia sin
desesperación, sin perderte en la añoranza?
Claudia -
En realidad, viví
esa experiencia con desesperación y con un profundo sentimiento de zozobra.
Después de todo, los niños necesitan del amparo que proveen los adultos.
Por otro lado,
aún desde esa vulnerabilidad tan honda, yo era el adulto que tenía que proveer
un espacio vivible y seguro para mis hijas. Cierto es que a veces me perdía en
la añoranza, pero también me anidaba en ella y así fue como iba encontrando los
recursos que tenía pero que tal vez no necesite desde que dejé la infancia.
Cuando uno cambia de país, uno tiene que volver a aprender la vida. En ese
sentido mis hijas fueron fuente de inspiración, porque las veía descubrir el
mundo, con entusiasmo, con sorpresa con sabor a aventura, y pude rescatar
entonces mi mirada infantil y la porosidad necesaria para re-aprender. Por eso
no subestimo ni la desesperación ni la añoranza.
¿"La inclusión
de lo inesperado en la vida cotidiana¨, según tus propias palabras, creés que
fue en cierta forma enriquecedor?
C-
Sí, fue una
experiencia profundamente enriquecedora. Diría que revolucionaria, nada ajena a
la mirada infantil de la que hablamos antes. Sin embargo esta es una enseñanza
que extraje del aprendizaje del arte marcial llamado Aikido que he practicado
por muchos años. Se trata de estar atenta, abierta a la experiencia, sin
esperar, sin comparar, sin prejuzgar. En realidad es mas un parámetro ideal,
una lente para mirar la vida que nos permite centrarnos en el momento, sin el
drenaje por la que “ya no es” ni el temor por el “qué será”
Decís que los
norteamericanos viven con el reloj adelantado mientras que los
latinoamericanos
tienden a atrasarlo, ¿cómo influyó en la vida de tu familia?
C-
El tema del
tiempo, es como una fragancia que todo lo permea. En lo cotidiano implica
reorganizar la rutina, sentir que se renuncia a la espontaneidad de un encuentro
o una salida, y fundamentalmente modificar el ritmo culturalmente incorporado
que nos hacía danzar armónicamente con los seres queridos que dejamos atrás.
Algo así como que el tiempo se agrega a la distancia.
Muchos profesionales inmigrantes seguramente se
sentirán identificados por tu búsqueda de reconocimiento en ese ámbito -yo
encabezo la lista de estar over qualified para ciertos trabajos tal como te pasó
a vos y a tantos otros-, ¿por qué creés que es tan diferente el sistema donde
estamos de aquel de donde venimos, en donde no está mal visto que un profesional
desarrolle tareas para las cuales está sobrecalificado?
No tengo una
respuesta muy clara. Creo que tiene que ver con los valores. Es decir con la
valoración y el reconocimiento por el trabajo. No prima la idea de “sacar
ventaja” y siempre hay alguien que se ajusta al puesto, sin desbordarlo ni
desbordar al resto. “ No me parece que se piense que está mal visto que un
profesional desarrolle tareas para las cuales esta sobrecalificado” mas bien
creo que no se considera ético no darle el lugar apropiado.
Por otro lado,
ésta no es una aproximación empática a las necesidades del inmigrante, que
necesita empezar en algún lado.
Partiste con dos nenas chiquitas, ¿cómo hiciste para
fomentarles amor por Argentina? ¿Lograste que ellas no sintieran esa disociación
-que tal vez vos sentías- entre ambos países?
Criar hijos
biculturales es un verdadero desafió. No es fácil mantener el equilibrio,
porque los niños, una vez integrados a la nueva cultura sienten y necesitan
sentir para su propio bienestar la seguridad inequívoca de la pertenencia. Es
muy difícil aceptar que nuestros hijos van creciendo y recorriendo caminos tan
ajenos a nuestra experiencia.
Mis hijas
protestaban y decían: “siempre tenemos que ser distintas” y a mi me producía un
dolor terrible. Creo que con mi marido tomamos arbitrariamente la decisión de
no disimular las diferencias en una sobre-adaptación que no nos representara.
Sabíamos que el costo era alto y apostamos a que valiera la pena. Creo que lo
vale, pero ellas tendrán la respuesta final.
En cuanto al amor
por la Argentina, no creo haberlo fomentado. No sé qué significa para ellas
Argentina, mas allá de ser el país de sus padres, el lugar donde crecieron, se
conocieron, y armaron la familia en la que ellas nacieron. Además el lugar donde
vive la gente por la que me han visto llorar. De todos modos no me parece que el
amor sea enseñable.
Cuando partiste –
como decís- con toda tu historia en un par de valijas ¿alguna vez pensaste en
echarte atrás, en resistirte al destino de inmigrante?
C-
Sí, todos los
días desde entonces.
¿Alguna vez dejaste de sentirte inmigrante?
Siempre me
pregunté cuando se produciría el pasaje de emigrante a inmigrante.
De hecho la búsqueda de una respuesta a esta pregunta ha generado gran parte de
mis reflexiones y producción profesional. Creo que al partir dejamos nuestro
espacio de amparo, algo sobre lo que nunca antes hemos reflexionado, y a la
distancia comenzamos a intuir tanto su hechura como su textura, y con el tiempo
vamos teniendo una idea mas clara, aunque en gran parte permanezca inefable de
lo que perdimos. Eso nos lanza a un proceso de duelo, que implica aceptar las
pérdidas, así como las ganancias, que también tienen sus consecuencias, ya que
lo nuevo nos aleja de lo viejo que tanto amamos y esa distancia duele. Es un
proceso largo, que si evoluciona de modo favorable, ira perfilándose hacia la re
construcción de un nuevo espacio de amparo que reflejará e incluirá en una nueva
trama, tanto nuestra historia pasada, como la presente.
¿Cómo fue tu
experiencia en relación al aprendizaje del nuevo idioma?
C-
El idioma es uno
de los aspectos que hacen al tema de la comunicación en general ya que también
cambian todos los códigos, la forma de operar, las reglas de etiqueta, el
lenguaje no verbal. Yo sabía de antemano que iba a enfrentarme con las
dificultades de aprender un nuevo idioma, pero no anticipé estos otros aspectos
que son más sutiles, pero muy desestabilizadores. Cuando uno no conoce una
palabra puede interrogar respecto del significado, pero cuando uno no reconoce
un gesto, o no es reconocido en un gesto, toda la comunicación puede
tergiversarse sin que uno tenga la menor idea de lo que aconteció.
Con respecto al
idioma en sí mismo, mas allá de la dificultad y de la frustración del no saber,
aprender un nuevo idioma siendo adulto, es una verdadera aventura ya que uno no
sólo aprende palabras, sino nuevos conceptos, nuevas formas de decir, que
permiten una mayor creatividad y expansión al pensamiento.
¿Si tuvieras la
oportunidad de volver el tiempo atrás, ¿volverías a emigrar?
C-
Esta es una
pregunta muy difícil de responder. Desde un punto de vista estrictamente
racional, te diría que la decisión fue adecuada en el contexto en que fue
tomada. De modo que si las condiciones fueran idénticas, volvería a decidir lo
mismo y albergaría exactamente las mismas dudas.
Por otro lado,
hace 21 años que partí y le he puesto tanto empeño a este proyecto de vivir en
otro lugar, que si bien nunca ha sido mi sueño, es sin duda mi realidad.
¿Le darías algún consejo a aquellos que dudan entre
irse o quedarte en el país?
C-
No. Son tantas
las variables, tan diferentes las historias y las circunstancias que sería
absolutamente fútil. Se trata de elegir una vida! Creo que lo que más puedo
hacer en este sentido es ofrecer mi libro con mis experiencias y mis
reflexiones.
En gran parte,
esta fue la idea que me impulsó a escribir el libro.
Podés leer otros textos de Claudia Yelín
visitando
www.claudiayelin.com
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