Juana Libedinsky: entrevista para Sapo de otro pozo Argentinos en Londres
sapo de otro pozo
argentinos en londres y otros charcos

cOMO SER EXTRANJERO (y ArgenTino) Y no morir en el intento...


Juana Libedinsky, el pensamiento britanico hoy
entrevista a la autora del libro "English Breakfast",
-calificado de "lectura imprescindible" por la revista Newsweek-
 

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Juana  Libedinsky nació en Buenos Aires en 1973 y es periodista del diario La Nación. Con un amplio curriculum, Juana reune trabajos periodísticos para los diarios "El País" de Montevideo, "El Mercurio" de Chile, "El tiempo" de Colombia, "El Comercio" de Perú, entre otros.  Su primer libro, "English Breakfast" (2007), una compilación de entrevistas a intelectuales británicos, agotó su primera edición en una semana y fue calificado de "lectura imprescindible" por la revista Newsweek. Ha vivido en Nueva York y Londres.  En la actualidad está radicada en Madrid".



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Vaca
que cambia de querencia

Yo no sé qué será de mi ahora
Yo no sé qué será de tí.
Habrá que esperar.

Decidir, elegir,
qué llevar, qué queda
Embalar, viajar…
¿Qué será de mi jardín sin agua que lo riegue?

Vaca que cambia de querencia…

¿Deberé o no volver? Me arriesgaré aunque no quiera

Deberé salir a ver para entender que yo no sé qué será de mi

¿Qué haré?

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muchas gracias
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El libro de visitas de Sapo de otro pozo tiene cientos de firmas!! "Sapos" como vos y yo que se encuentran no sólo en Londres, sino en cualquier parte del mundo. Gente buscando gente, gente que sólo manda saludos o nos felicita por la página.

"Sapo de otro pozo" tiene más de seis años en Internet, y fue uno de los primeros sitios para Argentinos en Londres.

Hoy quiero darles un gracias inmenso por todo el apoyo que nos dan, y por seguirnos a traves de la lectura de nuestras notas, experiencias e intentos por hacer una página para gente que anda por el mundo sin que se nos caiga un lagrimón.


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¿Cómo nació la idea de este libro?
Arrancó con un artículo que este año leí en el diario británico The Guardian por encima del hombro de quien viajaba a mi lado hecho una sardina en el subte en Londres, que es una de mis fuentes habituales de información. Estaba escrito por el superhistoriador de Oxford que también es columnista político y figura emblemática de la televisión culta, Timothy Garton-Ash. Su título era “¿Existen los intelectuales británicos? Sí, y están viviendo su mejor momento”, y allí Garton Ash aseguraba que hoy los británicos tienen la cultura de debate más rica de Europa, con la cual ni siquiera París, la anterior capital de las ideas, puede competir, y que marcan tendencias para el resto del mundo. Empecé a investigar un poco y encontré varios estudios recientes que apuntaban en la misma dirección, en particular los de un profesor de historia intelectual de Cambridge, Stephan Collini. En el último tiempo yo venía haciendo mucho trabajo de entrevistar escritores, académicos, científicos, críticos de arte y literarios y demás,  y me di cuenta de que había a conocido a una gran parte de los más relevantes. Me pareció que sería una buena idea ponerlos juntos, completar con nuevos y pintar, así, un poco el panorama intelectual de un tiempo y un lugar que estaba siendo señalado como tan particularmente brillante. Sobre todo porque no es gente que se mire al ombligo: opinan de temas puntualmente británicos pero básicamente universales y, ni que hablar, argentinos, y verlos en conjunto es muy especial.
 

Pero el libro no es sólo de entrevistas. Por el contrario, hay un hilo conductor que son observaciones y anécdotas más personales sobre la cultura británica en general…
Sí, y subrayo que son anécdotas y observaciones de la cultura británica en su concepción más absolutamente amplia, del fútbol –“un arte más intrínseco a la cultura británica que cualquier cosa que el Consejo de las Artes se digne a reconocer”, como dijo la escritora Germaine Creer--- a la comida, Jane Austen en el cine, los problemas de conservar tiburones en formol como arte conceptual, o las magníficas nuevas óperas basadas en los talk shows de la televisión más decadentes (del estilo “Estoy enamorada de un transexual enano.. pero está de novio con mi hija”). Por un lado, creo que estas historias son como pequeñas pinceladas para armar un cuadro general de lo que está pasando en los últimos años en la cultura en Gran Bretaña –e indefectiblemente, en el resto del mundo. Pero por otra parte, agregué las bambalinas de algunas de las entrevistas y las cosas que quedaron fuera de ellas, que pueden servir para darles nuevas facetas, a veces más humanas, a las grandes figuras intelectuales. Siento que haber entrado en las casas de Doris Lessing, Martin Amis, Paul Johnson, o el estudio de Harold Pinter, por dar un par de ejemplos, es un gran privilegio y algo interesante de compartir.

 ¿Cómo fueron esas experiencias?
Siempre muy distintas. Por ejemplo, fui a lo de Doris Lessing, la gran dama de las Letras británicas (o “bisabuela de las letras británicas”, como ella me corrigió dada su edad) y el gran ícono feminista de los ´70. Por las cosas que escribió uno se la imagina todavía quemando corpiños como hacían simbólicamente  las mujeres liberadas de entonces, pero al ver en su casita en el borde del campo los que usa ahora, enormes, reforzados y agrisados, puestos a secar bien a la vista en el baño, fue una imagen que me llenó de melancolía. Por el contrario, una situación bastante graciosa me pasó cuando fui a entrevistar al historiador  Paul Johnson a su casa. Un liberal clásico, uno de los principios que Johnson defiende fervorosamente en sus escritos políticos es el de abrir las puertas a la inmigración en Gran Bretaña. “Porque aquí nadie quiere trabajar. En cambio, todos estos trabajadores polacos lo hacen con ganas y les da felicidad la posibilidad de ir mejorando sus oportunidades”, me dijo y me presentó a la señora que limpia su casa, precisamente de esa nacionalidad, y que ya estaba por montar una pequeña empresa.  Cuando iba a felicitar a la empleada de Johnson por los elogios a su trabajo, un ratón cruzó el living pasando por encima de mis pies. No sé cómo pude controlarme para no gritar ---venía de matar a uno en mi propia casa, así que estaba sensibilizada con el tema--- pero di las felicitaciones por la limpieza aunque un poco menos efusivas de lo que había pensado originariamente y volvimos a las peguntas con Johnson. El ratoncito se quedó al otro lado del living, quieto y mirando como hipnotizado. Johnson justo me estaba contando de las confidencias que le habían hecho ciertos  personajes célebres y se había puesto a hacer una imitación perfecta de los modismos de la princesa Diana, Margaret Thatcher y  Picasso al hablar. Creo que cualquier animal –o humano– que lo hubiese visto quedado igualmente hipnotizado.

¿Algún momento incómodo?
Lo más vergonzoso, aunque es gracioso, me pasó con Harold Pinter. Cuando fui a entrevistarlo en su casa de Holland Park (un barrio paquetísimo rodeado de parques y cerca de la movida de Notting Hill) llevaba yo un tapado largo de cuero que él inmediatamente ponderó. “Puro cuero argentino, recién llegado de las pampas, ¿no? ¡Me encanta! ¿Hay de hombre también, como para mí?”, me preguntó. Quedé paralizada. Primero, porque Pinter siempre se viste de negro, entonces no entendía para qué iba a querer un tapado marrón. Y segundo, porque, conocido su antiamericanismo y, en especial, el dirigido a las grandes corporaciones, me daba vergüenza explicarle que no había sido elaborado artesanalmente por manos gauchas en alguna provincia, sino que lo había comprado en una liquidación de Gap, el McDonald’s de la ropa americana, y en uno de esos grandes centros comerciales de descuento de Miami. Pero se lo dije y se empezó a matar de risa. “Bueno, está bien, algo de bueno los norteamericanos tenían que hacer, aunque sea tu tapado”, dijo, encantador, y reconoció “su” experiencia positiva en Estados Unidos (que involucra a una oficial de inmigraciones muy gorda en el aeropuerto de Miami y que realmente es muy cómica).

En el libro los entrevistados frecuentemente hacen referencias a la Argentina. ¿Alguna que le haya llamado la atención en particular?
La pasión por Borges diría que es una constante, pero no sólo entre escritores. Recuerdo una vez en la Univeridad de Cambridge que vino un profesor a dar una clase magistral sobre algo súper específico como el uso del paréntesis en la poesía borgeana,  y era impresionante porque de la conferencia salían físicos, químicos, matemáticos, de todo. Salman Rushdie no sólo es un gran admirador sino que asegura que la puerta de entrada a la literatura latinoamericana con la cual el se siente profundamente identificado fue Borges. Además, Rushdie es un fan de Buenos Aires, “uno de los lugares más interesantes y raros que conocí que me recuerda mis enormes ciudades de la India, que empiezan y quién sabe dónde terminan”, me dijo. Pero no todas las referencias son literarias o geográficas. Maradona, por ejemplo divide las aguas: a Martin Amis le parece un reflejo de lo peor de los argentinos, Ian McEwan asegura que el comentario de la “mano de Dios” fue uno de los grandes momentos de la poesía. A Kazuo Ishiguro, lo que más le gusta de la Argentina es el tango, y lo atribuye a su origen japonés “Escuchar a Piazzola es como ver las películas de artes marciales de Kitano, de una gran belleza y una triste calma pero sobre las cuales uno sabe que en cualquier momento la sangre va a explotar”, fueron sus textuales palabras, y jura que se emocionó hasta las lágrimas la primera vez que escuchó un bandoneón.

¿Por qué un libro sobre intelectuales ilustrado?
Quise sacarle rigidez al tema desde todo punto de vista, y hacer un libro sobre intelectuales que no espante como lectura de vacaciones, sino todo lo contrario. Tuve la suerte de contar con mi tía, Sylvia Libedinsky, arquitecta e ilustradora que trabajó en el Financial Times, el Daily Telegraph y ha expuesto en el Victoria and Albert Museum y el ICA (Institute of Contemporary Art) de Londres. Sus dibujos para este libro tienen muchísimo encanto y picardía, además de ser maravillosos trabajos de diseño que transmiten el mensaje de cada sección.

En las entrevistas, en las anécdotas, incluso en las ilustraciones, se ve un libro con mucho humor aunque se traten temas tan serios como la guerra o la tolerancia. ¿Por qué?
Diría que parte de la inspiración para el libro fue la prensa británica, que muchas veces aborda aun los temas más profundos y delicados con humor, ironía y sin hacerle el panegírico a nadie, lo cual admiro. Lo mismo los libros de la antropóloga Kate Fox y toda una tradición anglosajona de relatos de viajeros en culturas ajenas. Pero, sobre todo, tanto para las entrevistas como para las pequeñas anécdotas elegí personalidades que, además de brillantes y famosas, muchas veces resultaron irónicas y divertidas, porque creo que en eso  también reflejan algo importante de la modalidad británica. Según el escritor George Mikes, el humor inglés se parecería al monstruo del lago Ness: ambos son famosos pero existe la fuerte sospecha de que no existen. Mikes es conocido como la persona que mejor entendió la naturaleza de las islas británicas. Pero me parece que en esto se equivocó.

Agradecemos a Juana Libedinsky por los extractos de su libro aqu
í publicados.

 

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