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en UK
Hace un
tiempo
reuní a 4 argentinas viviendo en
Londres para hacer una nota sobre madres en UK.
Hoy me toca muy de cerca esa experiencia –o casi la estoy palpitando-
y puedo confirmar algunas de sus experiencias, sinsabores, alegrías y
esa sensación rara de que algo está pasando y no sabemos muy bien como
va a terminar.
El
sistema de salud en UK es muy distinto del nuestro.
En primer lugar aquí tanto unos como otros, embarazadas o no
embarazadas, son atendidos por un GP o médico generalista que deriva a
un médico especialista sólo en casos in-dis-pen-sa-bles!!
Una mujer embarazada es atendida durante los 9 meses en conjunto por
el GP y la midwife –partera, obstetra-. Lo curioso es que la
midwife se transforma en “las midwives” porque se trata de
un team. No hay garantía que la misma persona esté presente durante
el parto, ni tampoco que siga toda la evolución del embarazo. Creo que
este punto es el más penoso del sistema, no tener un seguimiento
personalizado. Y no lo digo solamente yo como extranjera, sino que oí
decirlo de bocas británicas también.
Información es lo que no faltará durante todo el
embarazo. Libros, folletos, folletitos, muestras gratis, etc, etc,
llegan a nuestras manos durante los 9 meses. Los cursos pre-parto son
gratuitos en los hospitales, pero recomiendan hacer alguno privado por
las dudas. Me inscribí en el curso del hospital y también en el
privado, y tuve la suerte de tener a la misma instructora en los dos!!
Así que pude chequear la información doblemente.
En UK existe un amplio porcentaje de mujeres que tienen a sus bebés en
sus casas. Las asiste una midwife y sólo son llevadas al
hospital en caso de emergencia. También está muy difundido el
nacimiento en piletas. El problema es que usualmente el hospital tiene
una o dos piletas disponibles, y no se puede reservar con
anticipación, con lo cual si están en uso en ese mismo momento no se
pueden utilizar.
En mi opinión existe una amplia tendencia al no-uso de analgésicos
durante el parto. También hay una tendencia naturista que se resiste
al uso de pañales descartables, comidas no-orgánicas, todo para no
dañar al bebé, etc., etc.- aunque después los veamos preguntando cuál
es el límite de alcohol para ingerir durante el embarazo o si se
puede fumar mientras se está amamantando -.
En el manual de los futuros padres británicos el
listado de compras es interminable. A la cabeza figuran los carritos o
cochecitos (¿cómo se decía en Argentina?). Los hay de todo tipo,
precio y sofisticación. Y aunque no me imagino por las calles de
Buenos Aires con uno de esos sin sufrir una tentativa de secuestro,
tengo que reconocer que parecen muy interesantes con sus diseños
ultramodernos.
En segundo lugar figuran los asientitos para el auto, sin los cuales
me dijeron- no se puede sacar al bebé del hospital.
Aquellos
que
emigramos,
y no
heredamos ni cochecitos, ni ropa de otros bebés
de la familia, a veces puede resultarnos un problema llegar a reunir
todo lo necesario. Pero por otro lado tenemos la ventaja de no recibir
miles de consejos indeseables, porque todo el mundo opina o recuerda
su propia experiencia, que no siempre resulta de gran ayuda.
Para terminar, en UK la panza no se toca! O por lo menos los
británicos no lo hacen. Sólo los extranjeros tocarán sin ningún tipo
de pudor la panza de una embarazada y festejarán los movimientos del
bebé. En algunos países, según me dijeron, trae suerte. Y además
durante el embarazo la panza se siente como un bien público, es una
caricia con afecto y ternura que a la distancia siempre es necesaria…
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Qué está
pasando en Londres?
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MADREsapo
Volver-
cuando nuestros hijos vuelven a Argentina
Sobre
Playgroups, salidas, nombres y libros
Pequeña
casa en la pradera -de Gales
Ser
mamá (y
argentina) en UK
para compartir un reportaje a 4 mamás
argentinas en UK
Sistema de salud en UK
Las lobas
Dormir sin llorar
Avisos
MADREsapo
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“Cuando salgo con mi MacLaren soy una mezcla de ekeko con
Vicky,
la
niñera de Little Britain” venía pensando mientras caminaba
hacia casa. Ideas que se me ocurren sobre este oficio nuevo de ser
madre… Alegría despiadada y sueño in crescendo, cansancio sin
límites como nunca me hubiera imaginado. Ayudar a crecer a esta
personita que salió
de uno y de otro como uno, pero que hará su propio uno.
Al
llegar al departamento puse “Canciones de cuna para los niños del
mundo” de Sari Cucién – un CD que me regaló
en Argentina mi profesora de canto y que a su vez yo regalé a
cuanta nueva madre hiciera falta-,
y afloró
toda mi faceta de dulzura y ternura. Adiós doble sentidos y
sarcasmo. Mi hija llora a los gritos, y la levanto, y la calmo, y
la apoyo en su rinconcito, y vuelve a llorar, y vuelvo a
levantarla, y se calma, y la apoyo, etc, etc, etc. Minutos
cíclicos que pasan como al descuido, minutos que son
únicos
aunque no pueda verlo todavía. Porque por una sonrisita me puedo
olvidar de la pesadez de mi embarazo, de los siete días de
contracciones, de la incertidumbre de no saber si estoy haciendo
bien las cosas, del NHS, de los cólicos
de tres meses con llanto continuo desde las siete de la tarde a
las doce de la noche, de los ocho meses que hace que no duermo, de
la soledad de criar a mi hija en otro país y en otro idioma
–aunque yo le hable todo el tiempo en español-, de no tener
recetas ni manuales que me ayuden en esta empresa, de preferir
guiarme por la improvisación y el instinto, de no tener consejeros
bien y malintencionados cerca, de todo, absolutamente de todo, y
permitirme ser feliz.
Cuando escucho estas canciones… “Duerme, duerme negrito, que tu
mama está en el campo negrito…” viajo hasta lo mas profundo
del corazón y regreso a tantas imágenes que nos regalaron muchas
madres que tal vez hayan formado parte de nuestras vidas, pero que
sinceramente hasta hoy habían pasado de largo en mi registro. La
mamá de postal del día de la madre, la mamá madre, la Mamma –mas
cerca de nuestras abuelas italianas-, la estatua a la madre
infaltable en todas las plazas –si es que todavía no se la
robaron-, la mamita linda…
Ser madre y vivir en el exterior es una tarea
doblemente difícil. A veces
quisiera tener un hombro donde cobijarme yo también, una hora para
ir a la peluquería, tomar un té… Son esas manos que nos faltan
para hacernos un poquito mas liviano el día las que se extrañan.
Llámese manos de madre, de suegra, de tía, de quien fuera.
Aquí no hay cinco minutos de respiro que valgan, en general todas
las madresapo estamos solas durante el día con nuestros
bebés. A veces me río cuando veo las peregrinaciones de cochecitos
en los cafés, reuniones inconfundibles post curso pre-parto. O los
paseos paternos del sábado a la mañana. Hace poco me encontré
sorprendida mirando a un grupo de papás con cochecitos en un café.
Muy distendidos los
caballeros, solo faltaba que alguno se pusiera a amamantar :)
Sí, sorprendida para qué negarlo, tanta modernidad a Argentina no
ha llegado. O eso creo.
Y
lo de amamantar merece un capítulo aparte. Al principio la
solución de los feeding room me parecía fantástica
siendo madre primeriza. Un lugar donde amamantar tranquila al
bebe... Pero con el correr del tiempo la solución empezó a ser
una especie de castigo teniendo que elegir lugares para salir
donde hubiera, por ejemplo, un Mothercare
-para los que no tienen hijos ni sobrinitos se trata de
una cadena con Todo para el bebé.. Además la
sensación de encierro y de tener que hacer a escondidas lo mas
natural del mundo: alimentar a tu
hijo. Cuando viajé a
Argentina por dos meses esa experiencia se revirtió totalmente
porque allí sí
me animé a amamantar en todo sitio público
que pudiera, y nadie me miró
sorprendido como lo hacían en Londres.
Reconozcámoslo,
las que por suerte pudimos amamantar no podemos negar que es
una sensación maravillosa e inolvidable.
Para terminar les dejo un slogan que espero se haga realidad
en el futuro cercano en UK:
¡Sea
madre a
los ojos de todos, amamante
en publico!!

En
Londres o donde quiera que estés...
Hasta la próxima!
Silvia
volver
Les recomendamos visitar
estas páginas:

Dormir sin
llorar
les
recomiendo visitar esta página, dedicada a todas las que nos
oponemos a los famosos métodos que se utilizan en UK de "llanto
controlado". Suerte!
www.dormirsinllorar.com
Crianza
Pagina de la psicologa argentina Laura Gutman. Imperdible!
www.crianza.com.ar
Sobre
Playgroups, salidas, nombres y libros
Silvia
Demetilla
Cuando empecé a escribir Sapo de
otro pozo en septiembre del 2002, fue el primer salvo conducto que me permitió
aceptar mi realidad de emigrante, y ver que no era la única. Ahora
es el turno de Madresapo, otra cuerda de la que agarrarme y
agarrarnos aquellas que pasamos por la etapa de ser mamás
en el exterior. ¿Con
los años tal vez se sumen entonces Madreteen y Sapos de la tercera
edad? Solo el tiempo tiene la respuesta....
Capítulo 1- Salidas:
Siguiendo con
los episodios casi diarios en que convergen Sapo y Madre me viene
a la memoria una salida de la semana pasada en la que estaba
camino a Richmond y por esas cosas de la vida decidí bajarme una
estación antes y caminar.
A los diez minutos descubro que mi hija
dormía placidamente y todavía no era ni siquiera el mediodía! Asi
que pensé en ir a tomar un café y leer alguno de los libros que
había sacado de la biblioteca el día anterior: How to be a
DJ- tan mal estoy?, Playing the piano and keyboard,
y The complete idiot’s guide to songwriting.
Triste mi realidad cuando descubrí que en el carrito solo tenia
la revista de
los Teletubbies! Por que cuesta tanto todo? En fin,
munida de mi revistita me decido por un café francés al otro lado
del puente de Richmond,
me pido una baguette de jamón y queso, y mientras tanto, me
consuelo, escribo algo para la página.
Segunda decepción del día, el queso de la baguette es cheddar
rayado!! Sí, sí,
ya se que estamos en Londres, pero no termino de acostumbrarme.
La próxima vez me pido una Teletubby
Toast.
Capítulo 2: Playgroups:
Otro episodio en que casi los planetas Sapo y
Madre son uno mismo ocurrió un día es que estaba en un
playgroup en Teddington, zona donde vivo. Se trata de un grupo
al que concurren mamás
y niños menores de dos años y medio. Al principio se suelta
literalmente a los nenes entre
la gran cantidad de juguetes en una
habitación enorme. Entonces la elección
de juguetitos, autos,
triciclos y entretenimientos
varios hace que los pobrecitos se agarren de los pelos porque no
saben compartir todavía, es ahí donde
las mamás
salen corriendo a separarlos, decir sorry mil veces y
defender a los mas damnificados (en general mi caso oops!).
También se supone que es un espacio social para las mamás,
pero da la casualidad que en ese playgroup yo no pude
socializar con nadie... Cerca de la hora de cierre del playgroup una
viejecita muy tierna se sienta en el piano enorme y toca las rimas
y canciones británicas
mas conocidas por todos –menos por mi, aparte de Twinkle
Twinkle little star. Yo intento con todas mis fuerzas tararear
los temas, me esfuerzo enormemente en moverme al ritmo de las
canciones, bailar con Perla, etc. Pero ocurrió la
última vez que fui
que la tierna viejecita se levanto de su enorme piano y vino
directamente hacia mi a preguntarme que por qué
yo no cantaba! Le explique que el Inglés
no es mi lengua, etc. etc., pero que estaba cantando de todos
modos, y que era una pena porque yo soy cantante, o sea singer.
Parece que la viejecita, tan tierna, entendió single en vez
de singer! entonces me miro con cara rara, se dio media
vuelta y se fue sin decir mas... Final de la historia.
Capítulo 3- El nombre de mi hija:
Cuando elegimos el nombre para nuestra hija,
Perla, pensé que iba a ser raro para ella porque de quedarnos en
Reino Unido nunca iban a poder pronunciar su nombre correctamente,
sobre todo con una R tan fuerte en el medio.
Pero lo que nunca me
hubiera imaginado era
que yo misma iba a ser quien no pudiera pronunciar el nombre de su
propia hija! Y paso a describir. Cuando me preguntan como se llama
mi hija les digo Perla, a los cual la mayoría cree que se trata de
Bella. Cuando lo deletreo escriben Berla, y en el GP optaron por
preguntarme la fecha de nacimiento porque no pueden entender que
mi hija se llama Perla. Como ya me conocen las recepcionistas para
hacerse las simpáticas me dicen: Ah! La nena de doble
apellido...-Una amiga británica me dijo que pronuncie el nombre
tal como es, en español. Pero aun así no logran entenderlo.
Capítulo 4- Chistes aparte:
Recuerdo una vez, estando apenitas embarazada,
hablando con
otras dos mamás
recientes y refiriéndome a la maternidad-
me suenan las palabras que dije como si hubiera sido ayer- :“Es
que yo no quiero convertirme en una pelotuda...” Ellas se
rieron como si se tratara de un chiste, y yo me sentí conforme en
ese momento por haber tenido una salida mas o menos ocurrente.
Hoy, mamá y
tal vez un poco orgullosamente pelotuda debo admitir que la
maternidad transforma al ser humano, femenino en la mayoría de los
casos, y nos brinda queramos o no una ración imprescindible
de habilidades
y aptitudes inexplicables para sobrevivir
en la empresa. De
otro modo seria imposible...
Leeremos miles de recetas de quienes dicen todo
saberlo, expertos que tal vez ni siquiera hayan pasado por la
experiencia, pero sin embargo a la hora de elegir nos dejaremos
llevar por algo llamado instinto, que aunque no pareciera, todavía
conservamos en cierta medida.
Otro chiste que solía hacer en mis épocas de
"hijos no" se
basaba en el hecho de convertirme en Verónica Varano –para quienes
no la recuerdan
es una modelo argentina que empezó en un
video de Luis Miguel y
que luego de
tener a sus dos o tres hijos se dedicó
a presentar programas en el canal de los bebés,
promocionar lencería para amamantar,
abanderar todo proyecto infantil, y
seguir siendo linda.
Concluyendo, madres admitámoslo: todas
tenemos algo de Verónica,
o sea un bebé a cuestas o un Luis Miguel que nos cante:)
Hasta la próxima
Madresapo
Rumiaron
por la casa sintiendo un olor intenso. Las contracciones clavaban
cuchillos en la espalda y las lobas paraban las orejas estimuladas
por el sonido sordo de los aullidos. Ellas no estaban invitadas,
se habían acercado siguiendo el instinto que sólo las generaciones
conocen y no puede ser descifrado por un sólo individuo. Eran
parte de un todo, de una historia milenaria que les escapaba el
detalle pero sabían que tenían que estar allí. Como una ceremonia
indígena o un sacrificio egipcio, era uno de esos rituales que no
se preparan, se acude cuando el llamado acerca a los elegidos,
esos que tienen que presenciar el nacimiento de una historia.
Y
las lobas estaban allí. Olían, miraban, escudriñaban. Un quejido
salió de la habitación, todo se estaba preparando.
El macho miraba a su hembra asustado, luego le aullaba tratando de
coordinar la electricidad que emergía, pero el quejido era cada
vez mas fuerte, rítmico, subía y bajaba, llegaba al pico y él la
miraba con la trompa pegada al piso como un perro faldero, luego
se acercaba a lamerla y ella se suavizaba pero el dolor, ese
extraño dolor no reconocido le azotaba las vértebras, se retorcía.
Las lobas se acercaban, sabían que llegaría su turno.
El
séptimo quejido llegó a tocar la fibra de las visitantes, se
acercaron a la loba y con el hocico la levantaron a los empujones.
Cariñosamente pero con seguridad, la empujaron hasta lograr que se
levantara, la espalda quebrada y el aullido intenso. La energía
envolvía las habitaciones. El macho no salió del cuarto, no era su
hora, pero estaba atento a la escena. Cantaba llamando a ese ser
con un aullido largo y silencioso.
Y
así pasó la noche, panza arriba, respiración lenta, todos a la
espera.
Y
la loba aulló otra vez llamando a la sacerdotisa, quien entre las
tinieblas subió a la cumbre cuando el sol todavía no había
clareado la casa. Preparó todo para el principio, ya era la hora.
La
loba en el centro con el cuerpo hinchado, el macho con su pezuña
afilada al lado mirándolo todo; y ellas girando alrededor,
guardianas.
La
loba comenzó a aullar sola, el eco resonaba en el barrio, en los
callejones oscuros y en la plaza vacía. Ya la calle se llenaba de
gente y la loba seguía con su aullido de noche de espera. Hasta
que el eco del último aullido resonó en la casa, todas se sumaron,
hasta el macho, quien refregaba el hocico queriendo oler a su
cría; y la fuerza, el fuego, la energía lo dominaron todo; y por
primera vez salió la Luna, hermosa hija mía, a este mundo.
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Pequeña casa en la
pradera - de Gales
Silvia Cryan
Cuando me enteré que estaba embarazada me agarró un ataque. De
susto. Porque no había planificado
nada y porque, yo que sé, estaba lejos de todo. Yo me había ido a
vivir a un pueblito del Norte de Gales
con mi novio que había conocido hace un año atrás. Vivíamos
juntos, estábamos bien, pero qué iba a
decir cuando le contara, que… pasó la cigüeña, gordi. ¡Y nos ha
dejado un paquetito!
Lo
primero que hice después de hacerme el test y ver que aparecieron
las dos rayitas, fue ir corriendo
a un teléfono y llamar a mi vieja en Buenos Aires. Hubo un
silencio que a mi me pareció de medio siglo
en la línea cuando le conté. Y de pronto un grito de alegría.
Recién ahí fue cuando me desinflé y me
agarró el alivio. Pero sabía lo que pasaba por la mente de mi
vieja en ese silencio. Y lo que pasó por mi
mente cuando supe. La distancia…
Ser
mamá es tarea ardua de por sí. (¡Si lo sabremos!) Parir solamente
es todo un trámite. Y ser mamá
estando lejos de la familia, es doblemente duro, pero no imposible.
Me
costó menos contarle a mi mamá que contarle a mi novio obviamente,
que se quedó pensativo por
unos 10 minutos sin pronunciar palabra tampoco.
De golpe
dijo: “I am going to be a daddy…” (Voy a ser papá) me miró y me
dio un beso y un abrazo.
Y
entró a llamar a todos sus amigos y familia. Menos mal que lo tomó
así.
Al
día siguiente fui a ver a la enfermera en mi surgery, Bron Seiont,
a unas cuadras de donde vivía.
Lo primero que me chocó fue con la frialdad que me preguntó si
quería seguir con el embarazo o
interrumpirlo. Yo le dije que sí, que quería tener a mi bebé. Y
allí se distendió la nurse y me tomó la
presión, me hizo un mini examen de orina para confirmar el
embarazo y sí, ahí estaba.
En
ese momento yo no estaba trabajando (era secretaria temporaria, lo
que comúnmente se conoce
aquí como una “temp” – aparte, para mayor dato, en el Norte
de Gales es muy difícil conseguir un
buen trabajo si no hablás galés, ¿qué muy difícil?, no lo
conseguís y punto. Caernarfon es la ciudad con
mayor porcentaje de galés- parlantes del país, se habla en un 70%
y para los trabajos en el gobierno,
en el council, sí o sí tenés que hablar galés).
Tuve
mucho tiempo para pensar, para dormir (cómo duerme una en los
primeros meses, ¡¡como una
marmota‼) y para reflexionar que había un pequeño ser creciendo en
mi panza que iba a necesitar el
triple de atención que otros nenes porque no iba a tener abuelos
cerca, ni tíos. La familia en Gran
Bretaña no es lo mismo que nuestro estilo de vida argentino, en
que uno se junta mucho más y vas a
todos lados como los Campanelli. Y me parece que eso ya lo saben
algunas chicas que seguro visitan
este sitio!
Pensé
que iba a tener un bebé y eso me encantaba porque desde que tenía
23 años que vivía “broody”
como dicen acá, baboseándome por la calle con cuanto bebito se me
cruzaba, pensando en tener una
panza grande y en caminar como pisando huevos y tuve un
pensamiento muy raro… y cómo voy a
manejar con esa panza??? Una piensa cosas raras… Se está en
presencia de algo desconocido por
completo y que se tiene que afrontar con la mayor alegría.
A los
cuatro meses me hice una ecografía en el hospital Gwynedd que más
o menos se vio así:
Esa
fue la primera vez que ví a Annie que en ese entonces medía 40
milímetros!
Continuará…volver
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Cruzando
charcos
"Ser
mamá (y
argentina) en UK..."
(y no morir en el intento) por Silvia
Demetilla
Jacqueline,
Inés, Claudia y Lorena tienen varios puntos en común.
Son argentinas. Sus
maridos son argentinos. Son mamás y residen en Reino
Unido. Esta es una charla en una mesa de
café-virtual-real, entre mujeres que decidieron
apostarle a una nueva vida…
cuatro mujeres que si bien no se conocen entre sí
coincidirán -o no- en muchas de sus opiniones y
vivencias.
Jacqueline,
mamá de Brendan de 8 meses, vive en Londres
“Llegué a Inglaterra con un embarazo de 4 meses y al
principio me costó acostumbrarme a la diferencia en la
asistencia con respecto a Argentina donde
estaba acostumbrada a tener mi ginecóloga/ obstetra de
confianza que sabía toda mi historia. Tener que ir a
un hospital y ser tratada cada vez por gente distinta
fue un poco despersonalizado. Por otra parte me gustó
la capacidad de decisión en cuanto a cómo querés que
sea el parto (desde “labour partners” hasta
la música que querés poner!), la variedad de tipos de
anestesia, etc.”
Lorena vive en Reading desde hace
dos años y medio, es mamá de Agustín y
espera su segundo bebé:
“Aqui se es mucho más "independiente", te dan
bibliografia para leer y ¡seguí las instrucciones !!
Si todo va bien al médico no lo ves nunca, ni siquiera
en el momento del parto. Yo diría que tienden a ser
más "naturales", ¡tu cuerpo sabe que hacer!!!!”
Claudia
vive en Bristol desde hace 10 años y es mamá
de Patxi de casi 7 años, coincide con la opinión de
las otras en cuanto a que las desiciones las toma la
mujer embarazada y no el médico como usualmente sería
en Argentina, también recuerda:
“Para el nacimiento pudieron venir mi mamá, mi papá y
mi suegro. ¡Fue como la llegada de los 3 reyes
magos!! Trajeron regalos, mimos y consejos y estaban
tan emocionados… Vivíamos en un
flat diminuto, así que los abuelos estaban
repartidos en casas de amigos para dormir, pero
pasábamos el día juntos y amontonados. Fue un placer
tenerlos cerca para la ocasión, pero fue lindo también
cuando se fueron y tuvimos nuestra pequeña familia sin
interferencias”.
Inés,
la cuarta mamá del grupo vive en Escocia y resume paso
a paso la búsqueda de adaptación e inserción en una
sociedad bastante diferente a la de origen, partiendo
desde la complicada tarea de encontrar una guardería
que se adecúe a las necesidades de su hijo por
ejemplo “Llegamos
acá cuando nuestro bebé tenia 1 año y tres meses.
Tratamos de acomodarnos a la nueva realidad, lo
anotamos en un jardín –nursery- , también en
música –que le fascina- y lo llevábamos a cuanta
actividad podíamos y le gustara, tal vez intentando
compensar ausencias".
La diferencia de trato y aproximación hacia los
niños es uno de los mayores impactos con los que se
ven enfrentadas las mamás argentinas, acostumbradas a
una mayor interactividad entre docentes y niños.
Inés: “Yendo
al punto, salvo la gerente del jardín, que tenía idea
de como acompasar nenes, como contenerlos y
motivarlos, el staff, en tres semanas jamás
se puso a la altura de nuestro hijo para hablarle o
dirigirse a él, mejor dicho JAMAS en
tres semanas ni siquiera mencionaron su nombre, ni lo
tocaron, ni lo acercaron al grupo -y no hablo de
cualquier nursery sino de una muy recomendada
en esta ciudad- Observé
nenes de hasta dos años y medio atados en sus carritos
para dormir, o todos frente a un televisor, o en
corralitos, o sentaditos como estatuas en el parque de
la “nursery”, o jugando llenos de mocos y baba
por horas sin que nadie los limpie. Es de destacar que
los nenes se veían menos inquietos, menos activos, mas
“moderados. Por suerte, ahora ya conseguimos una
nursery con gente idónea.”.
Lorena::
“Hay cosas
que están mucho mas organizadas, grupos de juegos,
etc, pero hay lista de espera para todo ¡Agustín ya
está anotado en la lista de espera de la escuela
primaria desde los 2 años!) ¡Todavía no lo puedo
creer!”
A la
hora de hablar del sistema de salud Ines
describe su experiencia: "A
nivel sanitario es dificilísimo. La atención a los
niños esta instrumentada a través de las
Health
visitor, que son unas enfermeras (dicen que
capacitadas ad hoc) que pasan a controlar
"cuando ellas y su calendario lo indican" el
crecimiento del nene. Lo miden –solo estatura-, a
veces lo pesan, te hacen preguntas sobre sus comidas y
vacunas y listo. No esperen jamás que tenga un
pediatra o médico
de cabecera que realice los típicos controles de
crecimiento. No menosprecio el conocimiento de una
enfermera, mi mamá lo fue por muchos años y se
especializó
en obstetricia, neonatología, y patologías cardiaco
pediátricas. Pero no es el contexto de la mayoría de
las Health visitors. Y para algo existen los
médicos."
Si estuvieran viviendo en Argentina la cercanía de
la familia, su apoyo y ayuda serían impagables.
También sería más fácil conseguir una guardería
que se adapte a sus necesidades. Es aqui donde las
opiniones se dividen.
Jacqueline
“Pero por otro
lado en Inglaterra tenemos un nivel de vida algo
mejor, y tenemos más tranquilidad sobre todo, lo que
hace que la vida familiar se disfrute mucho más”.
Inés no siente
lo mismo que las otras mamás."Esto
para mí no es mejor en nada y menos sanitariamente
hablando" .Tambien
se refiere al papel de la familia y del entorno
“La distancia por momentos se convierte en un yugo en
mi cabeza, añoro para mi bebé los afectos y la forma
que “en casa” –Argentina- se canalizan, me pesa que él
no esté creciendo en un entorno donde la gente es mas
afectiva, demostrativa, pasional, enérgica, etc.”
¿Cómo describir la
experiencia de criar a un hijo en UK?
Claudia
sonríe, tal vez recordando su
Tucumán natal, y relata: “Yo
siempre me río y digo que tengo “¡un
hijo extranjero!”. Su experiencia de vida es diferente
a la mía. Mi hijo vive en una casa que es un
mini-cosmos argentino
con empanadas, dulce de leche y hablando español, pero
el resto de su mundo es británico desde la tele hasta
la escuela, entonces él se crió entre dos mundos,
cantando y viendo “Manuelita” en video y tambien los “Teletubbies”
y “Bob the builder”.Hay
una anécdota que ilustra esa sensación de que él es
más British que Argentino: Cuando Patxi tendría unos 3
años yo me pesqué una gripe horrenda y estaba en la
cama. Cuando él se levanto queriendo su desayuno, yo
apenas podía salir de la cama, él me vió tan mal y me
agarró la mano con preocupacion. Entonces dándome
palmaditas de ánimo me dijo “no
te preocupes, mummy, a nice hot cup of tea and you'll
feel so much better”. Yo
en mi vida tomo té y eso de considerar que una tacita
de té es el remedio universal a los males del corazón
y el cuerpo es ¡TAN
tipicamente britanico!!”
En los hogares de familias argentinas en el
exterior, en general, se habla español todo el tiempo,
lo cual generará niños bilingües en el futuro.
Claudia:
“Desde que Patxi nació yo dije “en esta casa se habla
español”. Esa era (y sigue siendo cuando puedo) la
regla de oro. Patxi empezó a hablar tarde, casi a los
3 años, o al menos eso creía yo que sólo escuchaba
balbuceos. Un día la nanny que lo cuidaba en la
guardería me dijo – Patxi speaks so well now-,
lo que me dejó absolutamente con la boca abierta-
Really?- le respondí. Patxi hacía rato que decía
palabras en perfecto inglés, y yo ni enterada… pensaba
que estaba balbuceando”.
También se conservan costumbres e identidad, y
sobre todo se incentiva la comunicación entre los
“argentinitos” y la familia real-virtual.
Inés:
“El vínculo esta
generado, lo que hacemos es mantenerlo,
alimentarlo…nuestro nene habla por teléfono con la
familia, chatea…….¡si! aunque tenga dos años al
escuchar el ruidito del chat empieza como un loco a
teclear y pulsar Enter. También mira los
álbumes de fotos, siempre los pide y va
como…rememorando y mencionando los nombres de cada
uno, o señalando y diciendo “...abuela, padino,...”
etc”.
Jaqueline:
“Sobre todo con los abuelos. La webcam es un gran
invento”
Lorena:
“Agus tiene un album de fotos propio con todos, los
reconoce perfectamente, les habla por teléfono
bastante seguido y nos vemos con aceptable
frecuencia.”
Claudia:
“En el living
de casa tenemos una pared entera con fotos de la
familia que está en Tucumán, y Patxi los conoce a
todos, aunque sea por fotos que van quedando cada vez
mas viejas… Además le cuento siempre de Argentina, de
la familia, de las costumbres, de las cosas que son
diferentes, etc. Cuando Patxi empezó a ir a jardín de
infantes tenía un compañero al que lo buscaban sus
abuelos de vez en cuando. Un día me preguntó:
¿Porqué yo no
tengo abuelos? ¿Porqué
nuestra familia es tan chiquita?”. Mi respuesta fue y
sigue siendo que sí tiene abuelos y una familia
grande, pero que viven muy lejos, y que los visitamos
cuando podemos, que de todos modos lo quieren mucho y
que ésa es su familia”.
En el corazón de todos los emigrantes existe la
secreta esperanza del regreso, aunque la gran mayoría
no puede decir a ciencia cierta cuándo se llevará a
cabo el añorado objetivo. Si la situación económica lo
permite, estas familias regresan por lo menos una vez
al año de visita al país de origen. Pero ¿en qué
medida influye esta separación temporaria o permanente
de los seres queridos?
Inés:
“La
distancia me pesa en muchas cosas referentes a mi
maternidad. Pero no permito que ese peso me paralice,
sé sobrevivir –como la mayoría de los que estamos
fuera- adaptarme, no pelearme con el contexto todo el
tiempo, y mantener nuestras propias costumbres,
nuestros sabores, nuestra vida, nuestra forma de ser
mas allá de los demás y su ámbito...que pasa a ser
parte del paisaje. No creo en nostalgias vacías, o
añoranzas gratuitas. Soy muy realista y analista, sé
lo que tengo y lo que dejé lejos, para que me
entiendan...no creo que los baches o cráteres de
Buenos Aires sean interesantes y decorativos
accidentes geográficos de las callecitas porteñas, no
creo que la inseguridad de allá sea anecdótica como en
cualquier metrópolis. Pero también sé todo
todo todo
lo que Argentina tiene de bueno...y a diferencia de lo
que muchos creen..esto no es "esa mentira de primer
mundo", y no necesité venir a este lugar para
saberlo..”.
Claudia:
“La distancia a mí me ha pesado siempre, y con la
maternidad me ha llegado a la vez una vulnerabilidad y
una fortaleza que no sabía que tenía.
Por un lado quisiera tener a mi mamá mas cerca, poder
hablar con mi hermana todos los días y compartir la
belleza de ver a mi chiquito crecer y cada una de sus
maravillosas payaserías y logros. Y me duele el
corazón porque a veces ni les puedo contar las gracias
que dice porque Patxi las dice en inglés, idioma que
los abuelos no hablan.
Por otro
lado, aquí tenemos independencia económica, el seguro
médico funciona (lento pero funciona), las medicinas
para los chicos son gratis hasta la adolescencia; y la
escuela pública de la vuelta funciona muy bien (y sin
paros todos los días). Así que hago tripa corazón,
cuento las bendiciones y trato de no pensar en lo que
duele y extraño”.
Lorena:
“El
tema de los sentimientos, la familia y amigos es algo
que realmente no se reemplaza. Por el resto, creo que
es mejor vivir acá. Agus es fanático del dulce de
leche y de los alfajores Havanna! (nos peleamos par a
par por quien come más).”
Jacqueline:
“Criar
al gordo prácticamente solos te da mucha pena de a
ratos. No sé cómo nos enfrentamos, simplemente lo
hacemos día a día”.
¿Más argentinos que británicos? ¿Más británicos que
argentinos? ¿Cómo ven estas mamás argentinas a sus
hijos dentro de 10 años?
Jacqueline
“Depende de cuánto tiempo permanezcamos acá... De
quedarnos 10 años calculo que sería más británico que
argentino. Es inevitable cuando se crían de chicos en
otro país. Aunque mi hijo es nacido en UK, pero es
“argentino por opción”.
Claudia:
“En 10 años pienso que Patxi va a sentir mucho afecto
y cariño por Argentina pero se va a sentir británico.
Para reforzar los vínculos, pensamos mandarlo por unos
meses a vivir a Tucumán con sus tíos o abuelos cuando
sea adolescente, creo que va a ser una buena
experiencia vivir también un tiempo en el otro de sus
dos paises”.
Lorena: “No sé, creo
que más argentino que británico porque dentro de casa
es como una pequeña Argentina, pero no lo puedo
asegurar ya que irá a la escuela y se moverá en un
circulo británico”.
Inés no tiene ninguna duda: “Feliz
en Argentina y 100% argentino.”

Probablemente
la capacidad de adaptación de los chicos sea mucho
mayor que la de los adultos, y la inserción de los
“argentinitos” sea tan importante como la conservación
de costumbres
y hábitos de los argentinos que residen en el
exterior. "Cuando
fue el
último
mundial de fútbol
(refiriendose al mundial del 2002), Patxi, miraba
los partidos entre Argentina e Inglaterra con enorme
interés; se ponía la camiseta argentina y festejaba
todos los goles... TODOS los goles, los
argentinos y los ingleses con igual alegría, y sufría
con todas las pifiadas de los dos equipos. Al
final cuando terminaban los partidos quedaba contento
con quien fuera que
hubiera ganado y a la vez
triste cuando perdía “su” otro equipo. Y se enojaba
cuando su papa hinchaba “solamente” por Argentina."
concluye orgullosa
Claudia
.
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Alejandra
Perciavalle, desde Nyon- Suiza
En un día nublado y frío como este, decorado con
esta misma lluvia, parca y tímida, llegamos a Suiza a fines del
año 99. Hoy, casi ocho años después, mi hijo mayor partió de
Ginebra para retornar a su patria y retomar sus raíces.
La idea surgió como un secreto anhelo que fue
rumiando vaya a saber Dios por cuanto tiempo. Luego de siete años
de ausencia, para Pascuas, retornamos todos juntos de vacaciones a
Buenos Aires. Era un viaje necesario y querido que trajo todo tipo
de sensaciones a todo nivel. Para Kevin, que ya venía cuesta abajo
con la frialdad imperante en las tierras helvéticas, fue el
batacazo final. Ya estando en Baires, me informó que decididamente
y luego de hacer el servicio militar suizo, que es obligatorio
puesto que el ejército es civil, quería volver a Buenos Aires a
tratar de terminar el colegio secundario, cosa que aquí,
por diversos asuntos ya narrados, analizados, compartidos y algo
superados, había sido imposible.
A
mí, en ese momento me pareció una idea brillante y distante. Kevin
entraba al ejército en julio, pasaba allí unos 10 meses ya que hay
dos opciones: corta con secuelas anuales o larga y definitiva
Léase: se hacen 4 meses de instrucción y regresas todos lo años
por quince días o se hacen 10 meses de un saque y no volvés nunca
más. Como Kevin detesta las armas, la violencia y las órdenes,
decidió que la opción de una vez en la vida era la más piola. Yo
estuve de acuerdo, sobretodo por que en esos diez meses recibiría
un sueldo de 2000 francos mensuales (unos 1700 dólares) que le
permitiría ahorrar bastante para comprar su pasaje y mantenerse en
el futuro. Aparte, al no vivir en casa, yo podría también alquilar
su cuarto con lo cual la economía familiar se vería ampliamente
beneficiada. Encima, al terminar la formación militar en marzo
podía viajar directamente a Baires y comenzar el colegio y si las
cosas no se daban, podía regresar en agosto donde tenía reservada
una plaza para seguir el aprendizaje de asistente social y
trabajar en la guardería donde había sido contratado en noviembre
pasado. Aparte viviría con el abuelo que anda muy aislado y
solitario y sería un beneficio para ambos poder profundizar esa
relación tan valiosa. Era un negocio redondo por todos lados.
Algo tan simple y fácil no podía resultar en la vida de la Mujer
Maravilla en Decadencia, como opté por bautizarme cuando los
astros no estuvieron de acuerdo con nuestros planes. Evidentemente
en este 2007, la mujer propone y Dios siempre decide otra cosa.
Así fue pues que cuando Kevin se presentó a las audiciones
preliminares del servicio militar a principios de junio, le
informaron que un chico tan sensible, con una fobia aguda y
marcada contra los desfiles, las marchas, los uniformes, las
armas, las botas, la obediencia debida y las medallas y
condecoraciones (sin mencionar su amor desaforado al lujo, la
comodidad, MTV, Hotmail y el mp3) era incompatible con los diez
meses de permanencia pasiva en uniforme verde. Para felicidad de
todos, le ofrecieron la milicia civil y optó por anotarse en
catástrofes naturales (tema harto conocido con la experiencia
familiar padecida). Le dieron un enorme y pesado par de botas y le
dijeron que se presentara a la formación de dos semanas en el mes
de marzo próximo.
El
chico volvió a casa dos días después silbando bajito y aceptando
su nueva vida. Yo, que ya venía rayadita por varios motivos a
detallar en otro momento mas propicio y que encima acababa de
salir del hospital por una operación menor pero que demandaba
reposo, lo tomé con menos benevolencia. En realidad tuve un ataque
de locura y odio contra el país, me paré en medio del living y di
un discurso adonde escupí de cabo a rabo todas las cosas que
detesto de vivir aquí. Fue como vaciar la caja de Pandora,
descubrí nuevas vetas de odio por motivos hasta ahora ignorados,
fue una catarsis en el fondo muy positiva y reconfortante, que
obviamente me dejó agotada, dejó algo perturbados a todos los
integrantes del elenco familiar, temerosos al gato y al hamster
ruso (nuevo integrante de la familia) y algo confusa a Wendy que
hasta ese momento me miraba con admiración absoluta.
Lo
que detonó semejante diatriba, fue el hecho de la ineficiencia y
el egoísmo de un sistema nefasto que se precia de ser
absolutamente maravilloso y que obliga a la gente a ser perfecta,
lo cual resulta en un stress espantoso y absurdo, ya que ni
remotamente consigue la perfección buscada. Nos obligan a pagar un
precio muy alto para nada.
En
un país donde se planifica todo con meses de anticipación y la
gente vive como congelada y oprimida en las alternativas elegidas
en las eras geológicas primarias, informar a una madre que debe
obligadamente plegarse a este sistema nefasto para poder
sobrevivir con dignidad y cierta elegancia, solamente con un
mes de anticipación que su hijo se queda sin trabajo y sin
subsistencia, sin planes para el futuro y sin medios, fue
demasiado.
Cuando me di cuenta que atacar la soberbia de un sistema inepto
basado en la imbecilidad común de los que lo aceptan y acatan como
si fuera una religión, me volvía impotente, me hacía terriblemente
mal y no me aportaba ninguna solución, opté por comportarme con un
poco mas de inteligencia. Me senté con Kevin y comenzamos a
barajar alternativas. La primera fue conseguir que le extendieran
el contrato de la guardería, que le otorgaba varias cosas: un
sueldo mísero, pero sueldo al fin, y el hecho de ser considerado
pre-aprendiz cosa que obligaba a su padre a seguir pasándole una
pensión, pues por ley y mientras estudien, a los hijos hay que
mantenerlos hasta los 25 años. El estado también ayuda en eso
(vamos a decir algo positivo sino la computadora se va a prender
fuego con tanta rabia) pues le redondea el ingreso para que llegue
al mínimo de las famosas tablas sociales que yo tanto detesto.
Comunismo con guante blanco.
Luego busqué el medio de conseguir un pasaje barato en alguna
línea aérea que no lo dejara varado en ningún exótico lugar del
planeta. Eso fue algo más difícil. Acodada cómodamente en esa
dificultad, recordé que anualmente junto miles de millas con mi
tarjeta de crédito y que las mismas caducan si no se utilizan, así
que me aboqué a la tarea de cambiar algunas de ellas por el medio
gratuito para que Kevin llegara a Buenos Aires. Eso también fue
quijotesco y digno de la Mujer Maravilla en Decadencia. El sistema
es perverso puesto que te incitan a juntar millas con todo y
luego, a la hora de la verdad, te ponen tantos peros para
conseguir lo que te prometieron con tanta benevolencia, soltura y
amplitud, que franquear los escollos se convierte en un acto de
valentía y perseverancia. Pero contra Internet esas armas juegan
poco puesto que un contrincante mudo y obstinado y que encima es
el que pone las reglas, no sirve para dialogar ni para negociar.
Es como enfrentarse a la burocracia suiza, llene el formulario o
no puede jugar y las excepciones no existen. Untada de bronca e
impotencia al saber que me costaría 3000 millas más, tomé el
teléfono, arma mucho más simpática y parlante que la sordomuda
computadora y me conecté con un ser humano real que me informó que
lamentablemente con millas los pasajes en general había que
pedirlos con seis meses mínimo de anticipación. Obviamente que
para Buenos Aires, Montevideo o Chile no había nada hasta febrero.
¡Entonces tuve una idea maravillosa! Para burlar a Swiss y
conseguir lo deseado pedí un pasaje vía Nueva York. Había lugar y
lo tomé a nombre de Kevin. Luego llamé a Delta, donde acumulé
millas imperecederas en el período jurásico cuando vivíamos en
Miami y viajábamos por Pan Am en business (glorias
pasadas, atesoradas y añoradas) y pedí un pasaje para Kevin de
Nueva York a Buenos Aires una semana después. Acto seguido llamé a
mi amiga Deliana que vive en Queens y le dije que Kevin pasaría la
primera semana de octubre con ella y su familia. De esta forma
desenfadada y práctica, logré franquear las temibles murallas de
los impedimentos y solucioné con pocos francos, la partida
mecánica de mi hijo. Luego de lo cual, cerré el capítulo “medios
de locomoción” y me dediqué a solucionar varios de los otros
múltiples problemas diarios.
Kevin se ocupó de comunicarse con el ejército para informarles que
partía del país y que posiblemente no estuviera de retorno para
marzo. Por una vez no hubo problemas a ese respecto pero por
supuesto la burocracia imperante en estos sitios, le hizo
concurrir a la oficina cantonal donde le otorgaron un papel en el
cual constaba su fecha de salida del país. Esto le dispensaría de
pagar los impuestos (que de todas formas no paga puesto que no
llega ni a palos al mínimo imponible) y lo liberaría, por el
momento, de la obligación de hacer el servicio militar. También
dicho papel debe presentarse al seguro médico para que lo exima,
puesto que aquí es obligatorio por ley, de seguir pagando su obra
social. Eso me tocó a mí, pero como fue fácil y sencillo, me dejó
un gusto a victoria.
Envalentonada con ese mini-triunfo me aboqué a lo que luego
resultó ser lo más sabroso de todo: conseguir el papel de la
constancia de que Kevin cursó décimo año. Y en realidad todo lo
relacionado con el paso escolar de Kevin en Suiza siempre fue
terrible, trágico, agotador y salvaje, y si este último trecho iba
en desmedro del anterior, hubiera sido encima verdaderamente
desprolijo. Para tener una idea de que aunque una madre cuente con
una paciencia elástica, flexible y titánica, esta misma llega un
momento que se termina y sobreviene la hecatombe nuclear, noten
que los inicios de dicho trámite comenzaron en el mes de julio
cuando le solicité a mi vástago mayor que consiguiera ese papel,
que debía de ser lo mas fácil de todo. Cuando Kevin llamó en
diferentes momentos, y no atendían nunca, supusimos que estaban
todos de vacaciones. Aquí las vacaciones son largas y sagradas y
los horarios de comida y descanso también, sobretodo para los
establecimientos estatales. Por supuesto la ecología les impide
instalar un contestador que indique cuando y en qué horario
contactar con lo que uno necesita, por lo cual Kevin se volcó a
Internet y como tampoco había información de ninguna clase, les
escribió un email, que nunca fue contestado e intuyo que tampoco
leído. A fines de agosto, con el retorno de los niños a las aulas,
Kevin recomenzó su vía crucis para obtener la constancia escolar.
Nos enteramos entonces que la directora había sido cambiada y que
dar con la nueva no era tarea fácil. Tras denodados y frustrantes
esfuerzos telefónicos, Kevin logró hablar con la misma y esta le
comentó que se habían perdido todos los archivos de la institución
y que no podía otorgarle nada. Kevin insistió estoicamente, invocó
los nombres de varios profesores que debían de recordarlo con o
sin sonrisa y luego de una lucha cuerpo a cuerpo vía tubo, la
mujer le prometió que le mandaría la constancia por correo. Pasó
una semana y no llego nada. Una de las cosas que sí funciona
espectacularmente bien en Suiza es el correo. Si uno pone en el
buzón una carta antes de las 18 horas al día siguiente arriba a
destino. Kevin volvió a llamar a la mujer en cuestión y esta le
informó que el sobre ya había partido. Así pasaron varios días y
dos llamados mas, donde la yegua insistía en que había enviado
todo y nosotros por supuesto seguíamos sin recibir nada. Mi sana
alegría se iba transformando en un monstruo verdoso y deforme y
luego de que la citada amorfa no atendiera a mi hijo primogénito
por teléfono en dos ocasiones consecutivas, decidí tomar cartas en
el asunto y llamé yo. Me atendió un profesor que me dijo que
lamentablemente la susodicha estaba ocupada y no me podía atender
y cuando me informó que no sabía en que horario estaría disponible
para hacerlo, empecé a relatarle con detalle y tono apocalíptico
todos los problemas de mi vida. Esta táctica estratégica tuvo un
efecto inmediato, el buen hombre decidió que mejor me pasaba con
la decana para poder ir a almorzar en paz y librarse de la loca de
la casa. Lo que vino al teléfono ya estaba alterado, y yo ya
estaba molesta por todas las jugarretas sucias e indignas que una
autoridad escolar le había suciamente jugado a mi pequeño-gran
hijito, por lo cual el encuentro fue una verdadera coalición que
obviamente terminó en colapso abrupto y ensordecedor. Ambas
gritamos desde el vamos, ella aduciendo que ya había enviado la
carta, yo reiterando que no la habíamos recibido. Cuando yo le
expuse que estábamos algo hartos de escuchar durante 2 semanas que
la carta había sido puesta en el buzón y que eso normalmente toma
solo 24 horas, y que nada me gustaría mas que ser informada de que
día exactamente había introducido la famosa misiva en el
buzón, la muy guacha se escudó en que sus múltiples actividades y
su trabajo denodado le impedían recordar semejante nimiedad.
Encima para hacerse la canchera me espetó: “yo sé muy bien de que
alumno me habla” y acto seguido recitó como de memoria prodigiosa
el nombre, la dirección de casa y la fecha de nacimiento de mi
hijo. Yo, como ya de vuelta de esos trucos ridículos y pueriles y
sin poder creer que “eso” con lo que hablaba era la directora de
un colegio, le contesté que siempre ayudaba tener la carpeta con
los datos necesarios sobre el escritorio para poder leer la
información. Ella se fue por la tangente helvética –todos se
entrenan arduamente para ser siempre neutrales- aduciendo
heroicamente que había hecho algo ilegal puesto que los archivos
se habían perdido y no quedaba constancia alguna del paso de mi
hijo por su institución. Allí le dije que si ellos perdían las
cosas, culpa mía no era. ¿Qué respondió la insensata?, que como
ella no los había perdido tampoco era su culpa. A esa altura yo ya
no sólo no tenía mas paciencia sino que tampoco tenía ganas de
seguir perdiendo el tiempo en una discusión tan superflua y sosa
con una infradotada que quien sabe por qué problemas de la vida o
de su mente limitada no logra asumir sus deberes. Como ya estaba
cansada y afónica, le pedí su nombre que por supuesto se negó a
darme, y le vaticiné que si en 24 horas no recibía lo que ella
tenía la obligación de darme, me apersonaría en sus oficinas para
continuar con nuestro agradable intercambio tête-à-tête.
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