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Escribe Silvia Demetilla
Todos somos sapos..
Supervivencia
Gente que
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COLUMNA SAPO
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Vivir en Inglaterra es lo mismo que vivir en un sitio donde el invierno reina durante casi todo el año. Muchos lo discutirán porque al primer rayo de sol retrucan con que “el clima no es tan malo después de todo”... Probablemente como ha pasado con muchos inmigrantes, el verano ha partido para no retornar... O tal vez haya sido expatriado... ¿Existe el verano en Londres? A veces si, a veces no... Depende... Un día brilla el sol como nunca y pensamos que hemos sido bendecidos ¡finalmente! Prontos a la playa desempolvamos las ojotas que supimos conseguir y los shorts, las remeritas musculosas y las depiladoras eléctricas. Salimos corriendo hacia el rincón de sol más cercano... Por suerte no nos quemamos tanto como lo haría los locales ya que genéticamente conservamos la memoria de nuestros antepasados argentos, recuerdo de un sol que supo ser más constante y supo asarnos durante veranos verdaderos. Así que probablemente nos protegeremos por demás – como un caso muy cercano que conozco que sale con campera, y hasta gorro –de invierno- en los meses estivales-. La carrerita hacia la playa o rincón de sol más cercano probablemente termine en tragedia... Pronto se nubla, empieza a llover y la temperatura desciende unos diez grados centígrados . No hay explicación alguna que nos conforme o contente... Al día siguiente el sol será solo un recuerdo de antaño y nuestro botiquín estará inundado de paracetamol, ibuprofeno, descongestivos y lo que fuera para remediar ese resfrío de verano que nos pescamos... Miramos el pronóstico en Internet y la nubecita con rayitas nos va a acompañar durante varios días más. Agosto… ¿Pero estamos en pleno verano no? No hay consuelo... Solo queda esperar a que ocurra un milagro, que por supuesto nunca ocurrirá, ya que si hay algo bastante confiable es el servicio de metereología. Una amiga mía –italiana- dice que las playas británicas son todas iguales y sumamente tristes. No conozco tanto, pero por lo poco que visité voy a tener que darle la razón. Sobre todo con el tema de la tristeza... Como el recuerdo de un verano que supo ser, las playas británicas son como un fin de temporada... Playas donde no encontraremos gente Baywatch corriendo, surfeando o simplemente caminando o buscando caracoles. Y donde están los niños desnudos de tanto calor. Simplemente no existe ese cuadro festivo en Inglaterra. Primero porque se los llevaría el viento volando, segundo porque los pies se les hundirían en las piedras garantizando un verdadero trabajo no solo aeróbico sino de supervivencia digno de la isla de Robinson o Cast Away. Tal vez baste contemplar un poco las playas inglesas para entender un poco más a su gente. Y tal vez baste contemplar esas mismas playas para entender a un argentino en busca del sol... Solo a un argentino se le ocurriría ir en pleno agosto –verano británico- a la playa sin paraguas... Silvia Demetilla, desde Londres la ciudad donde no existe el verano. Vive en un barrio precioso diría mi mamá... No hay motivos de queja en ese sentido. Las casitas son hermosas, y los jardines del fondo permiten conocer bastante de cerca de los vecinos. De las dos propiedades linderas que me tocaron en suerte una es un galpón sin habitar y el otro una casa parecida a la mía, pero que estaba habitada por una pareja británica con sus dos nenas un poco mas grandes que mi hija. La familia en cuestión acaba de mudarse pero fueron tema de conversación durante más de un año. Ellos, británicos y jóvenes, siempre riendo y trabajando para su casa, su jardín... ¡Siempre un paso adelante nuestro! Al principio nos comparábamos just for fun como dicen por estos lares- solo para reírnos un poco- , pero con el tiempo nos dimos cuenta que realmente, lo del paso adelante, era cierto. Paso a detallar algunos ejemplos bastante mundanos, tan mundanos que dan vergüenza... A la hora de colgar la ropa por ejemplo. Si yo lavaba la ropa a las 8 de la mañana -cuando salía a colgarla digamos que serían las 9- la ropa de mis vecinos ya relucía en la soga hacía rato. Ni hablar de mezclar colores, un día todo era blanco, otro día todo era rosa y así los días por venir. Si por esas casualidades yo terminaba de lavar y colgaba la ropa entusiasmada pensando que había sido la primera en colgar la ropa mi vecina ese día no colgaba... A la hora un chaparrón mojaba todo... Ella había mirado el pronóstico, mientras que yo me había dejado engañar por un solcito tramposo que asomaba a la mañana. Nunca vi jardín tan cuidado y fructífero como el de mis vecinos. Tenían quinta de vegetales y hasta gallinero. Todo diagramado en un desprolijo modo británico digno de envidia que daba los mejores zapallos, higos, legumbres y tomates. El primer verano pensé que yo también era capaz de tener mi propia quinta. Fui al supermercado y compré semillas. Limpié el jardín, planté las semillitas y ¡me fui a Argentina por un mes y medio! Por supuesto que cuando volví lo único que encontré fue un enorme pastizal... Este verano me dije a mi misma que iba a lograr cultivar aunque sea una chaucha, así que limpié el jardín, volví a plantar y esperé... Pero cada mañana que me asomaba encontraba cada vez menos de mis plantitas. Cada vez mas cadavéricas y mordisqueadas por todos lados… En uno de nuestros encuentros a través de la cerca hablé con mi vecina y me dijo que era un gran trabajo el tema de la quinta. Como ellos parecían ser personas bastante ecológicas por llamarlas de alguna forma le pregunté que métodos usaba para combatir a la multitud de hormigas por ejemplo que se pasean sin desparpajo por mis plantas. Pasearse sería lo menor después de todo. Me aconsejó agua hirviendo en los hormigueros que es algo que yo no pude hacer... mi religión no me lo permite. Así que traté de usar todos los métodos menos nocivos para tratar de erradicar las alimañas de mi jardín, sin resultado obviamente. A esta lista se sumaron una cantidad indescriptible de babosas de los más extraños colores y caracoles. Mientras tanto la quinta de mis vecinos crecía con toda la fuerza del cariño que le ponían quienes la hacían supongo. Finalmente me decidí por una batería de insecticidas que dieron buen resultado, supongo que hice lo mejor que pude... Tengo muchas aspiraciones ecológicas, pero sinceramente este año me dí por vencida en ese aspecto. Una semana antes de mudarse mi vecina se ofreció a ayudarme en el jardín. Me sorprendió muchísimo ya que no creo que sea muy común que tus vecinos se crucen con sus palas, rastrillos y otras herramientas de jardinería. Pero ahí pude verla realmente en acción. Tenia un equipo profesional de jardinería, mientras yo trataba de plantar y cultivar ¡con las herramientas de juguete de mi hija! En menos de una hora limpió todo el jardín, trasplantó plantas y me dió unas semillas para plantar en macetitas chicas. También una plantita de zapallo que es, hasta el día de hoy, la única que dió frutos. Unos zapallos gordos y hermosos, con un sabor riquísimo. Y pensar que creía que los zapallos del supermercado eran orgánicos… Unos días mas tarde mis vecinos se mudaron... Y debo reconocer que sentí pena porque que a pesar de no verlos tan seguido –solo a través de la cerca en charlas ocasionales- ni de haber compartido grandes momentos con ellos me dió tristeza verlos partir, sobre todo porque parecía que ella tenía un gran aprecio por su casa, y en especial por el jardín... El verano siguió su curso, yo seguí cultivando mi quintita y hoy en día puedo decir que me alegra haber aprendido algo nuevo. Hoy asisto a la muerte del jardín de mis vecinos ya que la persona que se mudó a la casa contigua- y a la cual no conozco- parece creer que el jardín no existe y dejó morir a todas las plantas, mientras la gran cantidad de zapallos, higos y tomates se pudren bajo el sol y la lluvia. El lugar donde estaba el gallinero se transformó en un cráter donde parece haber caído una bomba nuclear. Nada me causa mas desolación que ver la transformación de lo que fue un Edén. Eso me da que pensar en lo importante que es dejar herederos en el arte que nos toque en la vida... ¿Pero como se transmite el amor y el cariño por algo tan especifico a alguien a quien no conocemos? Supongo que el espíritu del jardín de vecino ahora reina en mi casa entonces... Silvia Demetilla Desde que vivimos en Londres nos mudamos unas cinco veces (sin contar las primeras semanas en que nos mudamos dos o tres veces dentro de la misma sharehouse). Mi hija, de dos años, ya se mudó dos veces. Yo no me había mudado hasta los 19 años, e incluso con mi familia. De todos modos para mi, mi casa del corazón sigue siendo la de Argentina. Como nunca decidí irme mi casa está como yo la dejé, con mis cosas, muebles, adornos, libros, historias… Cada vez que vuelvo desempolvo un poco y vivo allí. Me encanta reencontrarme con quien fui… pero también me da muchísima tristeza cada vez que veo que algo se deterioró por el paso inexorable del tiempo, y cuando me tengo que ir siento un desgarro por dentro…. Desde que me fui se me secó un árbol hermoso y otro acaba de caerse por la tormenta. Cada vez que vamos mi hija es feliz en “la casita de Argentina”, pero yo se que ella siente que su casa es esta, la de Londres. Antes de quedarnos en Londres viajábamos por diversión –o para huir de Argentina- y recuerdo mi ansiedad por llevarme pequeños recuerdos o pedacitos de momentos vividos, esas cositas que uno guarda sobre todo cuando es turista. Desde que vivo en Londres nunca mas compré recuerdos ni souvenires, porque como tengo la certeza de que volveré a irme no quiero “juntar cosas”, entonces hasta me desprendo de cosas todo el tiempo…las dono a charities, las regalo... Hace poco fuimos a visitar a una amiga a España y todas las noches Perla llorisqueaba y me pedía que quería ir a “la casita de Perla”. Cuando estábamos de regreso, y ella empezó a reconocer desde el auto el barrio en donde vivimos empezó a gritar “esta es la casita de Perla!!” como alegría. Ahí me di cuenta que tengo que decidir pronto por una casita para mi hija y para mi. Silvia Demetilla desde Londres Exacerbación del ser argentino Da la casualidad que viajo a Argentina a conocer a mi sobrinito y coincide que tienen lugar las elecciones nacionales. Mi madre me busco en los padrones pero ya no estoy, no se si se debe a que en algún momento me borraron o hice el cambio de domicilio. Y no es que me muera por votar pero creo que es importante hacerlo, por lo menos si justo coincide que estoy en el país. En el exterior no voto, pero creo que debería hacerlo, no entiendo como todavía no lo hice… El otro día le comente a una amiga mi situación a ver si ella sabía que tengo que hacer y su respuesta fue: Ni idea, que raro que te interese votar... Ella es muy amiga mía, desde el secundario, y es del grupo de amigas que siempre veo y sigo en contacto permanente, y la verdad que no lo tomo como una respuesta personal, quiero decir, directamente de ella, sino como una respuesta general de como nos ven a los que vivimos en el exterior. A decir verdad los argentinos que vivimos en el exterior vivimos una exacerbación del ser nacional, no digo que seamos mas argentinos que los que viven en Argentina, pero tenemos un idilio permanente con la argentinidad. Nos emocionamos cuando escuchamos el himno nacional, nos ponemos la escarapela!!! cosa que no hacíamos desde la escuela primaria, corremos detrás de todo espectáculo de tango sin importarnos si los bailarines sepan lo que es el 2 por 4 o bailen una mezcla de danza jazz con espectáculo erótico, asistimos a los homenajes que organiza la embajada a los ex- combatientes de Malvinas, San Martín y otros próceres con menos publicidad, organizamos cenas a beneficio de comedores infantiles, etc. etc. En muchos sentidos nos volvemos más activos. Será que a través de ese movimiento nos acercamos un poco…
Sentimos -
y no es joda, es fisico-
que somos
argentinos las 24 horas del día, porque el medio nos hace sentir
así, somos de afuera, y todo el mundo nos pregunta de donde
somos. Parece que al decir de donde somos
estamos diciendo a
donde pertenecemos en realidad y asi podemos ubicarnos en
los nichos donde se
coloca a la gente. Somos
extranjeros. Eso no hay quien lo dude. Somos, lucimos, hablamos
y sentimos diferente en una tierra donde la luz en el
verano se extiende hasta las diez de la noche, y donde nuestros
cuerpos no llegan a adaptarse a los efímeros y oscuros dias
invernales. No
reniego de serlo –extranjera- pero últimamente detesto
que me pregunten de dónde soy. A veces ni siquiera tengo que
abrir la boca, o sólo basta con decir un yes, o pedir un
vaso de agua para que llegue como una condena a mis oídos : Where
are you from? Italia? España? Francia? Pero nunca, nunca se
les ocurriría que vengo de mucho mas lejos, de mucho mas al
sur, casi de donde se termina el mundo… Tanto se me nota digo
yo? La última vez un vendedor de una farmacia, luego de haber
dicho dos palabras wn inglés me dijo: Do you speak Spanish
better than English? A lo que respondi : Of course.
Y yo se que no lo hacen por maldad (no así el caso del
vendedor de la farmacia, tal vez – Insisto, se que no es
maldad, y a veces hasta tampoco por curiosidad en verdad- sino
por ser polite, porque hay que hacerlo… Es una especie de
disparador automático que sucede, llega y es obvio que si
escuchan a alguien con acento diferente o apariencia dudosa –
en el sentido de que no pueden distinguir exactamente de que
punto de la tierra viene como lo harían con un indio o un árabe,
el manual de politeness dice que tienen –deben-
preguntar. Porque aquí hay un manual para todo, y si no existe
se lo inventa. Pero nada queda librado al azar.
Todo tiene su manual de instrucciones, hasta la Coca Cola
que en la tapita dice Open by hand por ejemplo. Qué
distinto de Argentina, donde el único manual que conocí en mi
vida fue el Kapelusz de cuarto grado, y donde a nadie (a
nadie!!) se le ocurriría mirar un manual de instrucciones antes
de encender un artefacto, de cocinar una comida que viene
semipreparada o de probar las luces del nuevo auto familiar.
Somos amigos de la improvisación, para que negarlo? Los
manuales son una pérdida de tiempo en la mayoría de los casos
y preferimos dar rienda suelta a nuestro raciocinio antes que
perder 5 ó 10 minutos sin poder probar el nuevo artefacto por
ejemplo. La
ansiedad nos mata…Será por eso que me preguntan de dónde soy
tan seguido? O porque sencillamente me cuesta leer los manuales?
Aunque últimamente debo reconocer que uno que otro miro. La
adaptación es lenta, pero llega. En
fin… bienvenidos a Londres, tierra de excentricidad, de colorido
y de mucho gris por contraste; de pocos días soleados y nubes
casi eternas; tierra de libertad y de manuales de instrucciones. Y
tambien de conservación casi religiosa de hasta el último
escarbadientes que usó Sir Elton John en su último asado, pero
eso lo hablamos en otro capítulo. |
| " El tiempo, la distancia, el paisaje... Todo es distinto cuando estás "afuera". Compartimos a veces con otros argentinos -en esas largas charlas filosóficas que tanto nos caracterizan, con o sin cafecito de por medio - que estar en otro país es "comenzar una nueva vida" Es descubrirse todos los días en nuevos lugares, experimentar en cada momento nuevas experiencias, e indudablemente crecer... Y si bien el dolor de sentirse lejos a veces empaña esos momentos de crecimiento, tal vez, en el fondo todo sea cuestión de tiempo. Porque tanto acá como allá, y a pesar de esa "nueva vida" de la cual hice mención, nuestra esencia seguirá siendo la misma..." |
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Qué
es ser un “Sapo de otro Pozo”? Supongo
que todos tenemos una respuesta más o menos parecida... Se
puede ser “Sapo...” durante un rato, durante un tiempo, o
durante toda la vida. Esa es una situación personal en la que
no vale la pena profundizar demasiado. En los últimos tiempos
muchos argentinos nos vimos, no diría yo obligados, pero sí
con mayor incentivo a alejarnos de nuestra circunstancia...
algunos lo harán por poco tiempo, otros por mucho, quien
sabe... Y
mientras tanto? Mientras tanto sigamos creciendo, sigamos
comunicándonos, sigamos sembrando... Una vez leí una frase que
decía que sólo se podía volar si se tenían buenas raíces...
y eso es lo que quiero compartir con ustedes... “Sapo de otro
pozo” donde quiera que te encuentres... |
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Sólo con Argentinos? NOOOOOO!!!
Supongo
que es de público conocimiento que viviendo en una ciudad tan
multicultural como Londres es casi imposible juntarse “sólo
con argentinos”. Pero
tampoco estaría mal juntarse, y de hecho la mayoría lo hace
(lo hacemos), pero
me pregunto si es necesaria la aclaración… En estos
dos últimos años de mi vida, vividos en Londres, conocí
infinidad de argentinos y creo que ése es un cambio de
mentalidad que los emigrantes de otras generaciones no
pudieron disfrutar. Porque no se trata de estar todo el tiempo
llorando al lado de una pava y un mate, sino de seguir
disfrutando de nuestas costumbres y de compartirlas. De darse
una mano cuando es necesario, de hablar de la misma forma, de
reirse de los mismos chistes, de saludarse con un sólo beso
(ni dos ni tres, sólo uno),
de reducir en cierta medida el fantasma de la soledad.
De ser solidarios… Y de no seguir negando de dónde
venimos y quienes somos.
Varios
conocidos de otros países latinoamericanos me confesaron una
cierta envidia de la unión argentina, ya que ellos no tienen
puntos de encuentro o intercambio con sus compatriotas en
Londres. Ahora
puedo también comprender el espíritu de esas pequeñas
sociedades de fomento que tantas veces ví desparramadas en
los barrios argentinos, esos clubes ucranianos, checos,
italianos, o de donde fueren.
Esos pequeños espacios donde tantos inmigrantes se
reunían simplemente para compartir una charla. Tantos
inmigrantes, como nosotros… Silvia
Demetilla desde Londres |
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Lentamente
los e-mails van espaciándose, al igual que las preguntas, los
interrogantes... Lentamente se va develando el misterio... Si
hasta parece que ya a nadie le interesara lo que uno está
haciendo en esta remota isla... Si hasta parece que siempre
hubiéramos estado acá, que nunca hubiéramos emigrado, que
ya no sorprende a nadie las mil y una aventuras nuevas que
florecen día a día... Si hasta parece que fuera muchísimo más
interesante saber de las vidas de aquellos que se quedaron,
las amigas que se van casando o cambiando de novios, los
sobrinos que van naciendo, los padres que se jubilan, en qué
playa de la costa argentina planean sus vacaciones este año
los amigos que todavía nos quedan, el programa nuevo de
Flavia Palmiero por Canal 9, o porqué sacaron del aire
“Rebelde Way”... La
Fantasía del Olvido, bien podría ser el título de un tango
argentino. Pero resulta ser en este caso el enigma que
sobrellevamos muchos de los que elegimos vivir “afuera” a
medida que el tiempo pasa y “dejamos de ser noticia”. Es
la misma sensación de mudarte a tu primer departamento solo,
pretendiendo que nadie ocupe tu lugar en la casa que dejaste,
que nadie use tus cosas, que todo siga igual de algún modo. Y
la realidad proclama que no se puede vivir de lo que no fue,
vivir a medias pretendiendo estar en dos lugares a la vez. Que
el riesgo del olvido existe para qué negarlo... pero también
se abren nuevos caminos, nuevos espacios, nuevas búsquedas y
nuevos hallazgos. Y que todo en esta vida es cuestión de
elección.
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Un capítulo igual al otro
¿Cuál es la
palabra que se irá repitiendo en nuestros oídos con crecimiento progresivo desde
fines de octubre? ¿Vacaciones? ¿Viajes? ¿Argentina? No. A mi entender es “Christmas!”.
La sucesión de films navideños no escapa a los que ya hemos visto y revisto en la televisión abierta. “Milagro en la calle 34” y “The Grinch” encabezan la lista. Esto me hace recordar aquel film de Bill Murray –que no tiene nada que ver con la Navidad- pero sí tiene que ver con la repetición de situaciones, “El día de la marmota” (Groundhound day), donde el protagonista se levanta y vuelve a vivir todos los días las mismas situaciones. Así como en el capítulo de la marmota se sucederán las mismas despedidas con los compañeros de trabajo que el año pasado, las mismas borracheras programadas, la misma lista de regalos, los mismos 80 % de argentinos volando de regreso a Argentina entre el 5 de diciembre y el 5 de enero, y la lista sigue. Déjă vue! Hace poco, y por pura curiosidad, hicimos –dijo el mosquito- una encuesta entre nuestros amigos ingleses preguntándoles qué festejaban en la Navidad. La mayoría respondió que se trata de una fiesta familiar y casi ninguno la vinculó con motivos religiosos. Mi humilde duda es si la extensa cantidad de diferentes cultos que residen en Londres festejan la Navidad de esta misma manera tan fanática o simplemente se adaptan a la invasión de los medios, y terminan festejando aunque no quieran. Otra curiosidad con la que fuimos sorprendidos esta temporada fue el pesebre Navideño del museo de cera Madame Tussauds, muy criticado por la Iglesia Católica y atacado el último fin de semana por un visitante al museo. Allí David y Victoria Beckam representan a José y María, mientras que George W.Bush, Tony Blair y el príncipe Philip representan a los reyes magos. Hugh Grant no fue muy beneficiado en esta puesta, donde recibió el papel de pastor mientras que Kylie Minogue –muy popular por estas tierras- hace de angel. Claro, en Buenos Aires todavía no tenemos un museo de estas características así que es imposible hacer cualquier paralelismo, pero por qué no soñar por cinco segundos e imaginar qué celebridades locales podrían representar el cuadro. ¿Maradona? ¿Florencia de la V? ¿Guido Suller? ¿Pampita? Candidatos no faltan seguramente. Hoy recibí una llamada telefónica del mismísimo Santa, que empezaba diciendo “Oh, oh, oh! I’m Santa…" y terminaba con que había ganado un viaje a Disneyworld. La verdad que nunca me quedo escuchando los mensajes grabados de publicidad telefónica, pero en este caso lo hice. Me dio pena cortarle a Santa… Para ir cerrando, y sobre todo para no ser tildada de pertenecer al comando anti-Navidad porque a mí también, para qué negarlo, me gusta brindar a las doce (ni a las diez y media, ni a las once y cinco, ¡a las doce señores!) comiendo mis doce pasas de uva y pidiendo tres deseos para el próximo año. Como decía, ya que todo vino por anticipado en Londres este 2004, yo me anticipo a lo que veremos durante el próximo mes de enero, los miles de cadáveres de arbolitos de Navidad secándose en las veredas y esperando a ser recolectados para convertirse en lo que el futuro les tenga asignado en la cadena de reciclaje – o por lo menos eso espero. Algunos dirán que estos arbolitos si bien son naturales fueron cultivados especialmente para ser eso: un arbolito de Navidad y nada más, para adornar las fiestas familiares de todo Reino Unido, que son muy lindos y pintorescos, que a nadie le importan las miles de pequeñas hojitas que despiden cuando invariablemente luego de ser cortados empiezan su carrera contra el reloj para secarse lo mas lentamente posible, que no hacen ningún daño ecológico al cortarlos ya que no formaban parte de ningún bosque natural o reserva, que el Amazonas queda lejos, en fin, las justificaciones serán muchas. Por mi parte me reservo el derecho de seguir festejando la Navidad a la vieja usanza argentina, adornando mi arbolito de plástico y brindando a las doce. Me faltarán Papá Noel, los fuegos artificiales – que aquí también se anticipan y son en noviembre aunque por otro motivo-, la ensalada de frutas, y alguna abuela salpicándonos de sidra en los ojos. Feliz Navidad para todos los que la festejan. Feliz fin y comienzo de año para todos. Hasta la próxima. Silvia D.
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En
busca del cafe perdido ¡Mozo! ¡Un cortado! Durante mucho tiempo la búsqueda del café perfecto fue una de las grandes cuentas pendientes de nuestra vida londinense. El café en Argentina es un sitio de encuentro con amigos, de charlas, de reuniones de trabajo, y en mi caso de escritura. Fue así como todos los fines de semana salíamos a recorrer a pie distintos barrios, especialmente los de los alrededores a donde vivimos, buscando un café, o sea… un café, ¿soy clara? La decepción no tardó en llegar, aunque nuestras expectativas tardaron un poco más en ceder. Los cafés típicamente británicos constituyeron nuestro bautismo de fuego. Pero la idea de compartir un café con porotos con salsa siempre estuvo lejos de nuestras ambiciones en la vida. Paralelamente las cadenas de café pululan en casi todo Londres –menos en Raynes Park donde yo vivo…-. Los cafés de cadena o cadenas de cafés según desde qué lado se miren ofrecen TODOS lo MISMO de la MISMA forma, TODOS los cafés igualitos, en las MISMAS tacitas, casi con el MISMO gusto, casi con el MISMO precio, etc, etc.
Lo único distinto es que allí somos recibidos por un empleado que
cambia todas las semanas- y no los culpo, quienes pasaron por las
cadenas saben de qué estoy hablando- y nos pregunta SIEMPRE lo
MISMO, aunque jamás nos preguntará ¿lo MISMO de SIEMPRE?. Londres, la ciudad que nunca duerme, ¿o estoy viendo otra película? La verdad es que si no quiero dormirme y pretendo tomarme un humilde cafecito mejor me voy a dormir y espero hasta la mañana siguiente porque va a ser casi imposible conseguir un café abierto después de las 7 ú 8 de la noche. ¡Y yo deseando todavía tomarme un cortado…! A propósito ¿quién dijo que el idioma español es más largo que el inglés a la hora de la traducción? Después de dos años de tomar enormes cafés que no tenía ganas de tomar me animé a traducir la palabra “cortado”. “A single espresso with a bit of hot milk”. La primera impresión que tengo es que no entendieron lo qué les pedí y la segunda casi la certeza de que me van a traer cualquier cosa. A veces acierto, otras, por suerte, no. Hace tiempo, en una de las Newsletters de Sapo de otro pozo, escribí un llamado a la solidaridad que tuvo una sola respuesta. Allí imploraba por un café decente en Londres y Lloica Czackis me sugirió ir a Maison Bertaud en el SOHO. No se equivocó. Aún no pierdo las esperanzas de encontrar otros, está en mi naturaleza.
Hasta la próxima. |
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¿Cuántas mañanas me levanto con ese sentimiento y esa pregunta sin respuesta “¿Qué hago en esta isla? ¿Por qué no estaré en otro lugar? ¿Hasta cuándo? Cuántas veces maldigo el hecho de haberme ido, de haber juntado mis tres porcas miserias como diría mi abuelo calabrés y haberme animado a descrubrir nuevos caminos. La
verdad es que casi ninguno de los que vivimos en el exterior
somos “lo mismo” que éramos por los pagos en un ciento
por ciento. Como en toda regla existen algunos casos,
pero yo diría que son de laboratorio. La gran mayoría
hemos probado al menos una nueva profesión, nuevos estudios y
conocido distintas formas de vida (en Argentina hasta lo que
yo recuerdo no existe el flatshare con más de 2 o 3
personas por ejemplo). Y es ahí donde aparece el factor sorpresa que al principio sorprendió, pero hoy en día no sorprende a nadie valga la redundancia. ¿Y a quien puedo asombrar si le cuento que de arquitecta pasé a ser cantante, de cantante a peluquera, y de peluquera a acomodadora de un cine o investigadora en una Universidad de Kazakiskán? ¿A los argentinos en el exterior? Ni soñarlo!!! Por supuesto que hubiera preferido que nada hubiera ocurrido en Argentina, que todo hubiera seguido igual o parecido, que ningún chico hubiera muerto de hambre… Pero esa es una realidad que nos tocó vivir tanto a los que estamos afuera como a los de adentro. Y en mi caso, como en el de tantos otros, nos cambiamos de lado del mostrador, pero seguimos atendiendo. Silvia
Demetilla desde Londres |
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Viajar de regreso –cuando digo “regreso” me refiero, todavía, a Argentina-, sea por unos pocos días o por una estadía prolongada me produce una inmensa sensación de alegría, pero paradójicamente también me muestra un espejo que empieza a distanciarme de un territorio que creía conocer. El tiempo no se detuvo mientras estuve afuera, el tiempo siguió transcurriendo sin mi presencia. Hubo cambios… Mi acostumbramiento al nuevo sistema donde emigramos hace más de 4 años fue vital para lograr sobrevivir en esta nueva realidad que elegimos. En consecuencia y casi sin quererlo apareció una sensación que creía imposible de sentir: extrañar el nuevo “hogar…” Para aquellos que estamos en el exterior, Argentina, sigue siendo el referente de muchas de nuestras actividades –para algunos más, para otros menos- y a mi entender lo seguirá siendo siempre. Pero es cierto que aunque no queramos aceptarlo, la distancia existe y va creciendo con el correr del tiempo.
Argentina
sigue siendo nuestro cordón umbilical pero es inevitable tender
nuevas redes y crecer hacia otros horizontes.
¿Es
valido
tratar de sobrevivir dejando a un lado las sensaciones dolorosas
de la partida para reemplazarlas por otras nuevas? El idioma, la familia, los amigos, son nuestros puntos de conexión más profundos. Son los que nos permiten seguir atados a nuestras querencias, a nuestros recuerdos, a nuestras esquinas – que aunque hayan sido demolidas seguirán en nuestra memoria como el pueblito de Italia del abuelo. Para terminar quiero hacer hincapié en aquello que yo llamo de forma simpática “doble vida”. Somos aquellos que vivimos en realidades paralelas, podemos sentirnos cómodos tanto acá como allá, desarrollar actividades en ambos lugares, etc. Si es beneficioso o no, tampoco tengo la respuesta. Sólo sé que nuestro cerebro puede encargarse perfectamente de conectarse y desconectarse en estos mundos tan distintos en los que elegimos vivir. Obviamente que esta “doble vida” tiene un precio: no dejar de ser un pasajero en tránsito por la inmensa realidad… |
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Atentado en Londres
Estamos bien, gracias por preguntar. Gracias a todos los que nos escribieron y se comunicaron. Ayer 7 de julio, hoy… Fueron días raros porque hay mucha información desparramada en los medios, hay gente contando lo ocurrido, o gente imaginando lo que ocurrió… Pero paradójicamente poco se sabe acerca de qué es lo que en realidad pasa. Recomiendan no ir al centro de Londres, sólo en casos absolutamente necesarios. El transporte ya fue restablecido casi en su totalidad. Ayer, 7 de julio, fue un día extrañísimo. Vivo en Londres hace 4 años y presencié - como muchos- todo por televisión. Aunque estaba cerca, me sentía lejos. Muchas veces tuve la sensación de ser un espectador horrible de sucesos que aunque efectivamente sabía que estaban ocurriendo pasaron tantas veces en los últimos años que uno deja de creer en lo que ve. En la televisión de aire británica no mostraron escenas de caos, ni gente llorando ni gritando… Nada. No se parecía a ninguno de los atentados de los que hemos sido testigo en los últimos años- 11 de septiembre, Amia, Embajada de Israel, o el mismísimo Cromagnón. Entonces no sabemos muy bien en qué creer. Sabemos que los hechos ocurrieron pero lo que no distinguimos es si los atentados se tomaron en forma natural, casi inevitables, o si no los mostraron para no sembrar más pánico entre la población. Me inclino a pensar en la segunda opción. Tampoco sabemos qué tan grandes fueron los daños, aunque sí se conoce el número de muertos. Aparentemente no hubo compatriotas afectados por los atentados. Sólo testigos presenciales que la casualidad quiso que estuvieran cerca de los hechos. Como una amiga que se mudó a Russel Square apenas dos días antes y escuchó la explosión del ómnibus desde su habitación. De todos modos, con o sin víctimas argentinas, nos queda una sensación de angustia inevitable, como si no se pudiera estar seguro en ninguna parte del mundo. Como si formáramos parte de una guerra donde sólo inocentes mueren casi sin darse cuenta. Silvia
Demetilla desde Londres |
SAPO de oTro poZo
cOMO SER EXTRANJERO (y ArgenTino) Y no morir en el intento...
Copyright 2002- 2008 Sapo de otro Pozo- Silvia Demetilla